Desde agosto de 2026, buena parte del texto que genera Claude lleva una marca de agua invisible.
No se ve, no aparece como una etiqueta al final del documento y una persona común no podría reconocerla a simple vista. Sin embargo, está ahí y, bajo determinadas condiciones, puede detectarse.
La medida responde a una exigencia de la regulación europea. Pero su alcance va mucho más allá de Europa y plantea una conversación interesante para los abogados que ya incorporaron la inteligencia artificial en su trabajo: si podemos saber que una IA participó en la creación de un texto, ¿qué significa eso para la transparencia y la responsabilidad profesional?
¿Qué pasó exactamente?
La Ley de Inteligencia Artificial de la Unión Europea, conocida como EU AI Act, establece obligaciones para los proveedores de sistemas de inteligencia artificial que generan contenido sintético, incluido el contenido de texto.
Una de esas obligaciones comenzó a ser aplicable el 2 de agosto de 2026. Anthropic, la compañía detrás de Claude, respondió incorporando una marca de agua en el texto generado por sus modelos más recientes, independientemente del país desde el que se utilice la herramienta.
La compañía también ha explicado que trabaja en extender esta tecnología a modelos anteriores dentro del periodo de transición previsto por la regulación.
Una huella que nadie puede leer a simple vista
La marca de agua de Claude funciona de una manera bastante distinta a lo que probablemente imaginamos cuando pensamos en una “marca”.
No consiste en insertar una palabra secreta, un carácter invisible o algún tipo de código dentro del documento. Tampoco significa que aparezca una señal cada cierto número de palabras.
Cuando un modelo de lenguaje genera un texto, normalmente tiene varias opciones posibles para continuar una frase. Algunas palabras son más probables que otras y el modelo selecciona entre ellas siguiendo un proceso que incorpora cierto grado de aleatoriedad.
Con la marca de agua activada, esa aleatoriedad se modifica ligeramente. El modelo mantiene la apariencia normal del texto, pero sus elecciones siguen un patrón determinado por una clave.
Una sola frase no necesariamente dice nada. Pero cuando el texto es suficientemente largo, la acumulación de esas pequeñas decisiones puede producir un patrón estadístico que permite detectar que Claude probablemente participó en su generación.
Es una idea curiosa porque significa que la marca no está realmente “dentro” del texto como estamos acostumbrados a pensar una marca. Está, más bien, en la forma en que el modelo tomó miles de pequeñas decisiones para construirlo.
Un texto jurídico puede ser más difícil de marcar de lo que parece
Aquí aparece una particularidad especialmente interesante para quienes trabajamos con lenguaje jurídico.
La marca de agua necesita cierto margen para que el modelo pueda elegir entre diferentes palabras. Pero los textos jurídicos muchas veces reducen precisamente ese margen.
Si Claude tiene que escribir el nombre exacto de una norma, una fecha, una sentencia o una denominación técnica, no existen demasiadas alternativas razonables. Cuando una palabra es necesaria para mantener la precisión jurídica, el modelo no puede simplemente reemplazarla por otra para seguir un patrón.
Por eso, los textos muy cortos o aquellos con un lenguaje extremadamente preciso pueden ser más difíciles de detectar.
Esto también explica por qué la marca de agua no debe entenderse como un detector infalible de inteligencia artificial.
Un texto puede haber sido generado con Claude y no ofrecer una señal suficientemente fuerte para ser identificado. Y, al contrario, que un texto presente una marca no significa que Claude haya sido responsable de todo lo que contiene.
Lo que la marca no puede decirte
Aquí está el punto que más debería interesar a un abogado.
La marca de agua puede indicar que Claude probablemente intervino en la generación de un texto. Pero no puede contar la historia completa de cómo se produjo ese documento.
No puede decir si el abogado escribió las ideas principales y utilizó Claude únicamente para organizarlas. Tampoco puede distinguir necesariamente entre un documento redactado desde cero por la herramienta y uno que fue escrito por una persona y después corregido, traducido o mejorado con ayuda de Claude. Mucho menos identifica al usuario, al despacho, al cliente ni la conversación específica en la que se generó el contenido.
Esto es importante porque sería un error interpretar la marca como una especie de “firma de la inteligencia artificial”. Su presencia no demuestra que la máquina haya hecho todo el trabajo y su ausencia tampoco demuestra que no haya sido utilizada.
En otras palabras, la marca puede aportar una señal sobre el origen de un texto, pero no determina su autoría ni el grado de intervención humana.
Lo que parece que va a suceder: ahora todos van a querer quitarla
Probablemente no tardaremos en ver aparecer herramientas, tutoriales y métodos para “eliminar la marca de agua de Claude”.
La pregunta será inevitable: ¿cómo hacer para que el texto no pueda detectarse? ¿Cómo quitar la huella? ¿Cómo hacer que parezca completamente humano?
Pero creo que ese no debería ser el objetivo.
La existencia de una marca de agua puede generar inicialmente la sensación de que la inteligencia artificial nos está dejando una especie de rastro que debemos aprender a borrar. Sin embargo, si la finalidad de estas tecnologías es avanzar hacia un uso más transparente de la inteligencia artificial, intentar eliminar sistemáticamente esa señal termina siendo contradictorio con el propósito de la medida.
La conversación debería ser otra: no deberíamos preguntarnos cómo esconder que utilizamos inteligencia artificial, sino cómo utilizarla correctamente cuando la utilizamos.
Por qué esto importa en el ejercicio jurídico
Los abogados trabajan con la palabra escrita como una de sus principales herramientas de trabajo y también como una de sus principales fuentes de responsabilidad profesional.
Un contrato, un concepto jurídico, una demanda o un memorial pueden ser preparados con ayuda de inteligencia artificial y, aun así, la responsabilidad sobre lo que finalmente se entrega al cliente continúa estando en cabeza del profesional.
Por eso, la aparición de mecanismos que permiten identificar la participación de una IA puede ser una oportunidad para que los equipos jurídicos empiecen a documentar mejor sus propios procesos.
Lo que se pretende es establecer criterios claros sobre qué usos están permitidos, qué información puede introducirse en estas herramientas, qué documentos requieren una revisión adicional y quién tiene la responsabilidad de verificar el resultado antes de entregarlo o firmarlo.
La verdadera pregunta ya no debería ser solamente si un abogado utiliza inteligencia artificial.
Debería ser cómo la utiliza, qué controles tiene y qué parte del proceso sigue dependiendo de su criterio profesional.
La transparencia no puede depender de una marca de agua
La marca de agua de Claude es, en el fondo, un recordatorio de una discusión mucho más amplia.
La transparencia en el uso de inteligencia artificial no puede depender exclusivamente de una señal técnica escondida en un documento. Una marca puede ayudar a identificar que una herramienta intervino en la generación de un contenido, pero no puede explicar qué hizo la herramienta, qué hizo el abogado ni qué decisiones se tomaron durante el proceso.
Eso solamente puede hacerlo una organización que tenga reglas claras sobre el uso de inteligencia artificial y profesionales que entiendan que utilizar una herramienta no significa delegarle el criterio.
Por eso, quizás la reacción más interesante frente a esta nueva tecnología no sea buscar inmediatamente cómo eliminarla.
Quizás sea preguntarnos por qué queremos eliminarla.
Si la respuesta es porque nos preocupa que alguien descubra que utilizamos inteligencia artificial, probablemente todavía tenemos una conversación pendiente sobre cómo estamos utilizando estas herramientas.
Pero si podemos explicar qué herramienta utilizamos, para qué la utilizamos, qué información procesó, qué verificamos y qué decisiones tomó finalmente el abogado, entonces la marca deja de ser una amenaza.
Se convierte, simplemente, en una parte de una nueva forma de trabajar.
¿Necesitas acompañamiento?
En Doclick acompañamos áreas jurídicas y firmas de abogados en la adopción responsable de inteligencia artificial, el diseño de procesos y la gestión del conocimiento. Si tu organización quiere establecer criterios claros para utilizar, revisar y comunicar el uso de estas herramientas, podemos ayudarte a diseñar ese proceso de manera práctica y alineada con tus objetivos. ¡Ecríbenos!
